complementos de fuerza para nuestra cosecha urbana

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Si bien no se pueden considerar una garantía de éxito en la cosecha, puesto que hay infinidad de factores que influyen en la misma, los abonos constituyen auténticas vitaminas para el desarrollo de los cultivos de huerta con resultado claramente probados.

Los hay de muchos tipos, componentes y orígenes, desde los más tradicionales y popularmente conocidos hasta los más industriales y elaborados. En cuanto a estos últimos, aunque sean el resultado de investigaciones agrícolas, no está comprobado que tengan una efectividad mayor que los usados desde hace siglos en el ámbito rural. Éstos últimos son mayoritariamente los denominados orgánicos, es decir, aquellos derivados de la putrefacción o residualidad de seres animales y vegetales.

El más ampliamente conocido y utilizado en contextos agrícolas, el estiércol, a pesar de su contrastada eficiencia, no es aconsejable en huertos urbanos, y menos aún, en los instalados en jardines, patios o balcones, ya que su fuerte hedor se concentra en el espacio reducido del terreno de la vivienda, pudiendo entrar con facilidad dentro de la misma.

Es por esto que para huertos urbanos se debe hacer una selección bastante más cuidadosa a la hora de decantarse por un abono u otro. Partamos del hecho de que gran parte de los huertos urbanos están rellenos de sustrato, no de tierra común, por lo que los nutrientes que necesita la planta para crecer y sobrevivir ya está contenido en este sustrato, y por ende, hasta por lo menos extraer la primer cosecha, no es necesario añadir nuevos abonos. A partir de esta primer cosecha, las reservas de nutrientes minerales de los que se alimentan las semillas, habrán bajado sus reservas y es a partir de aquí cuando es conveniente empezar a abonar la tierra con las sustancias conocidas. Este método no es aplicable a las macetas, superficies o mesas de cultivo que fueron rellenadas con tierra común extraída de un terreno, jardín o parque. En estos casos hay sustancias que se generan diariamente en una vivienda y que generalmente terminan en la basura, que son descartables pero que pueden ser usadas como abonos, quizá improvisados, pero no por eso poco útiles para darle esa fuerza extra a nuestros cultivos. Hablamos de sustancias como cáscaras de frutas o de productos lácteos como el queso, así como saquillos de té usados, entre otros; eso si, siempre en referencia a métodos de abono caseros.

Si queremos abonar nuestro huerto de forma más profesional, tendremos que acudir a los compost orgánicos, productos elaborados con restos de sustancias animales y vegetales que tienen como finalidad hacer que la tierra o el sustrato recuperen el humus perdido por efecto del clima, el riego y la desalinización de la tierra.

A la hora de adquirir compost orgánicos en núcleos urbanos, lo más aconsejable si el huerto es mediano o grande, es comprarlo en alguna tienda dedicada a la venta de productos agrícolas o viveros, ya que los sacos de abono contienen la mezcla más completa de desechos orgánicos, esos que no estarán disponibles en las sobras de ninguna cocina.