El cultivo de la lechuga (parte 3)

Fran >

Control de malezas y enfermendades

Las malezas nunca son recomendables para ningún cultivo, y de hecho, tampoco lo son para la lechuga. Las malezas alrededor de la lechuga roban energía, nutrientes de la tierra y oxígeno a la planta, con la consiguiente ralentización del crecimiento y posible influencia negativa en la calidad del alimento.

Sobre todo en la etapa de cultivo, es necesario mantener el radio de la semilla o plántula, libre de malezas, piedras, terrones de tierra, o cualquier otra suciedad que no sea abono. Si el terreno cultivado es de mediano o gran tamaño y no disponemos del tiempo ni la pericia para quitar la “mala hierba” manualmente, podemos usar un herbicida que se prepare según las dosis que recomienda Sanidad Vegetal para cada caso.

En lo que se refiere a enfermedades que pueden ser un flagelo para la lechuga, se pueden destacar una gran cantidad que el “gestor” del huerto deberá intentar evitar con los instrumentos disponibles. Entre ellas se pueden destacar: larvas comedoras de hojas, insectos como la mosca blanca y los pulgones, botritis cinerea Pers, minadores de hojas y virus del bronceado del tomate, entre otros.

Lo más importante a tener en cuenta respecto a las enfermedades que puede sufrir la lechuga, es que la falta de control de las mismas puede ser algunas veces imperceptible, pero afecta directamente a los valores nutricionales y a la calidad de la hortaliza, cuando no la muerte de la planta.

Dentro de las enfermedades que pueden sufrir nuestra cosecha de lechugas, hay que destacar también las fisiopatías, caracterizadas por una prolongación excesiva en la altura de la planta, provocado por las altas temperaturas y el exceso de nitrógeno. Esta situación provoca una alteración importante en el sabor de la verdura.

Otra de las fisiopatías conocidas, es la denominada Tip-Burn, provocada por la falta de calcio, las hojas jóvenes se desecan en los bordes, principalmente en la parte superior.

Valor nutricional

En la gastronomía actual, el cuidado de la salud a través de los alimentos, se presenta casi como una obligación en amplias capas sociales. En este sentido, todo lo que puede aportar un huerto urbano, es primordial para cumplir con este objetivo “saludable”

A propósito de esto, la lechuga contribuye a este cuidado en una importante medida aportando:

  • rica en antioxidantes (Vitaminas A, C, E, B1, B2 y B3
  • aporte de minerales (fósforo, hierro, calcio, potasio)
  • sus hojas contienen propiedades diuréticas propiciando la eliminación de líquidos del organismo.
  • contribuye a un mejoramiento de la circulación sanguínea.
  • ayuda a la disminución de colesterol en la sangre
  • ayuda a tratar y prevenir anemias a través del ácido fólico que contiene.
  • dispone de propiedades con efectos tranquilizantes y anti-insomnio.