El cultivo de la lechuga (parte 1)

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Indudablemente, la lechuga, como el tomate –y aunque dependa de cada paladar-, es una de las verduras más consumidas en las mesas de la cultura occidental. Quizá no tenga la gran variedad de utilizaciones que se pueden atribuir al tomate, pero tanto en un restaurante como en casa, es difícil imaginar una ensalada sin lechuga. Tanto es así que es una planta que se cultiva en todo el mundo. Su origen pertenece a la Cuenca del Mediterráneo

Se trata de una hortaliza con muchas variedades de crecimiento relativamente rápido si el clima, la siembra y los cuidados necesarios son favorables. Entre las variedades que se pueden destacar principalmente: Iceberg, Batavia, Mantecosa, Romana y Hoja de roble.

EL CLIMA EN LA SIEMBRA DE LA LECHUGA

Como el resto de hortalizas, futas y verduras, la influencia del clima se torna fundamental para el crecimiento de la lechuga, y se puede sembrar casi en cualquier época del año, aunque lo ideal es una temperatura promedio de entre 15 y 20º centígrados. Respecto a los efectos del clima, hay que decir que la lechuga es vulnerable y sensible, tanto a las altas temperaturas (por encima de los 26º), como a las heladas; tanto un ambiente como el otro, puede ser nefasto para el desarrollo de este vegetal. La exposición a temperaturas bajas durante varios días, genera el enrojecimiento de las hojas, amargando su sabor, mientras que si está bajo temperaturas demasiado altas, éstas propician la aceleración del espigado y la pérdida de la planta.

ASPECTOS IMPORTANTES A TENER EN CUENTA SOBRE LA SIEMBRA DE LA LECHUGA

Si bien, la lechuga es una planta que se caracteriza por su alta adaptabilidad a casi todo tipo de suelos, y es bastante resistente a la salinidad, siempre es conveniente sembrarla en suelos francos, bien drenados y alcalinos. El PH óptimo se sitúa entre los 6,7 y 7,4 de la escala.

Como con el resto de las hortalizas y verduras, sobre todo cuando se habla de superficies medianas o grandes, se debe hacer un trabajo de removido de la tierra y seleccionar lugares donde la luz solar llegue la mayor parte del día; asimismo, es importante que la tierra esté relativamente húmeda, tanto para echar las semillas como para trasplantar. La remoción de la tierra antes del sembrado o trasplante tiene la finalidad de favorecer la germinación y el desarrollo de la planta. Dicho desarrollo se vería entorpecido en una superficie compacta y asfixiante para la misma.

Además, y también en referencia al suelo, es conveniente proveer a éste de un abono de calidad, antes de la propagación de semillas o trasplante. Cuando se trata de huertos urbanos, invernaderos o mesas de cultivo, conviene mezclar el abono con el mismo sustrato de relleno.

Como con el tomate, el administrador del huerto urbano podrá optar entre comprar las semillas de lechuga, y conseguir un producto de mayor calidad, u optar por la compra de la planta crecida y con raíz, para tener en menos tiempo una lechuga, que si sabemos llevarla, también será de buena calidad.

En los invernaderos comerciales o superficies de cultivo para uso doméstico, se pueden usar mesas de siembra uniformes de un solo compartimento, o subdividida en muchos compartimentos pequeños, lo que permitirá controlar mejor el crecimiento de las semillas de forma individual.

Como parte de las sugerencias que se deben tener en cuenta al momento de la siembra de la lechuga en huerto urbano, está la de dejar entre 10 y 15 cm entre una hilera y otra, en caso de que el espacio lo permita, así como una profundidad de siembra de entre 1 y 1.5 cm.