El cultivo del tomate (parte 1)

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Una buena parte de las verduras, hortalizas, especias y aromáticas que son aptas para el cultivo en zonas rurales abiertas, también lo son para huertos urbanos; muchas de ellas, que en determinadas épocas del año, no resisten temperaturas extremas en zonas rurales, pueden tener más posibilidades de sobrevivir en el resguardo urbano con un seguimiento exhaustivo y especial por parte del aficionado.

Es bien sabido que existen productos de siembra veraniega, primaveral, y en menor medida, invernal. Si nos centramos en los más consumidos en nuestra dieta mediterránea y casi en cualquier cultura universal, pasaremos a detallar los conceptos más importantes de la siembra y recogida de estos saludables manjares naturales:

TOMATE

Es una verdura de verano ampliamente codiciada en todas sus variedades por amplias capas de consumidores. Es el ingrediente ideal para acompañar carnes, pollos o pescado, preparado como ensalada. Además se lo produce para el uso cotidiano en casi todas las variedades de salsas, entre otros muchas utilidades gastronómicas.

CARACTERÍSTICAS DEL FRUTO

Su fisonomía suele ser redondeada o con extremos inferiores más angulosos; en cuanto al color, es generalmente rojo fuerte, aunque también los hay amarillos y anaranjados. Existen muchas variedades con diferencias de sabor, así como de calidad extra, de primera y de segunda. Se puede optar por las de tipo fusiforme o arbustivo.

Está compuesto mayoritariamente por agua en más de un 90 %, fibra, vitaminas A y C.

CLAVES PARA LA SIEMBRA DEL TOMATE

El tomate puede sembrarse a partir del lanzado sobre el surco o canal de las semillas, o directamente plantando una plántula en cepellón ya adquirida con raíz y con un desarrollo inicial. Si se opta por esta segunda opción, el tiempo de crecimiento de la planta será inferior que cuando se decida sembrar semillas, eso sí, siempre y cuando se cumpla con los cuidados requeridos y el clima acompañe. En cuanto a la calidad, hay que decir que es superior a la de las tomateras resultantes de semillas.

El tomate necesita imperiosamente recibir de forma permanente los efectos del sol, es un fruto con el que se consiguen excelentes resultados, siempre y cuando disponga de climas cálidos o templados. La estación de siembra varía entre verano y primavera, según la zona geográfica de que se trate; las heladas pueden arrasar la siembra en poco tiempo. En este sentido, si se sospecha que el clima puede cambiar radicalmente, conviene sembrar las tomateras en zonas resguardadas o protegidas por una pared.

Son estas inclemencias o variaciones climáticas las que explican que, en muchos casos, la producción de tomates sea superior en invernaderos que en huertas al aire libre. Las temperaturas ideales para el cultivo del tomate están entre los 10º y los 35º.

La tierra y el suelo más apto para la siembra del tomate debe ser de mucha fertilidad –conviene aumentarla con abonados-, con buen drenaje y cierta profundidad. En las superficies o recipientes destinados a los huertos urbanos, se deben considerar las mismas premisas. Cuando la tomatera está ubicada en patios o balcones, debe tenerse especial cuidado con las horas de sol que recibe el huerto, sobre todo cuando la semilla o planta está en etapa de crecimiento.

Por otro lado, siempre es conveniente que en los huertos urbanos de tamaño mediano o grande –aunque sean muy pocos-, se remueva la tierra antes de emprender la siembra.